-¡Oh, Andy! ¡Por Dios bendito! -Norah parecía enfadada-. Olvida tu orgullo herido por un mi-nuto y escucha lo que tu hijo está diciendo. Necesita tiempo para explorar el mundo. Y necesi-ta estar con la mujer a la que...
A nick se le hizo un nudo en al garganta.
-Mamá, no saques conclusiones tan pre...
-Saco las conclusiones que quiera, muchas gracias -lo miró enfadada-. Y miley siente lo mis-mo por ti, a menos que este muy equivocada. Y también creo que los dos añoraras enseguida Copperville y volveras a criar a vuestros hijos aquí.
-¿Hijos? -nick casi se atragantó-. Lo último que sé es que miley no tenía ninguna intención de casarse, cuanto menos de tener niños. Creo que esta vez te has pasado un poco.
Su madre sonrió.
-No, yo creo que eres tú el que se ha quedado corto. Vete a Nueva York y haz esas pregun-tas. Mira a ver qué respuestas te da -Norah miró hacia su marido-. Lo único que necesitamos es contratar a alguien una temporada hasta que estos dos vuelvan a casa.
Andy frunció le ceño.
-¿Y si no vuelven? Entonces todo será para nada.
-Eso es la mayor tontería que te he oído decir Andy. ¿Nada? Este rancho ha sido el sueño de tu vida. Esperabas poder pasárselo a tu hijo, pero también lo querías para ti mismo. Lo has pasado de maravilla viviendo la vida del rancho y no te atrevas a decir que sólo estabas haciendo un sacrificio por tu hijo.
Poco a poco, la expresión de Andy fue suavizándose.
-Supongo que tienes razón, Norah. La verdad es que no me imagino otro sitio para vivir. Por eso no puedo entender que alguien en su sano juicio quiera irse a vivir a ese nido de ratas que es Nueva York.
-Cada persona es diferente, pero estos dos volverán, ya lo veras.
-Mamá, no puedo hacer ninguna promesa.
Pero nick no pudo evitar barajar unas pocas fantasías. Quizá podría tenerlo todo, unos cuantos años de aventuras con miley y una familia y la seguridad allí en Coppervile con la única mujer a la que quería. Pero a miley podría no interesarle aquel plan. Después de todo, le había devuelto el colgante.
-No tienes que hacernos ninguna promesa -dijo su madre-. Pero supongo que tendrás que hacerle alguna a Miley.
viernes, 17 de diciembre de 2010
CAP 81
-Tu madre ha estado muerta de preocupación por ti desde que se fue miley . Y yo también un poco, debo admitir. Has estado comportándote como un robot, como si hubieras perdido a tu mejor amigo, que supongo que es lo que ha pasado.
Nick sintió ardor en el cuello. Había estado tan absorto en sí mismo últimamente, que no se había dado cuenta de que su estado de ánimo había afectado a sus padres.
-Siento haber estado insoportable.
-Lo has estado -admitió su padre.
-No, no lo ha sido, Andy -Norah dirigió a su marido una mirada de advertencia-. Ha estado un poco sombrío, eso es todo.
-Para mí es lo mismo -dijo su padre.
-Estoy de acuerdo -aceptó Nick-. Pero estoy a punto de serlo más -inspiró con fuerza-. Sé que los dos han trabajado mucho para levantar este rancho todos estos años.
-Ha sido un trabajo por amor -dijo Norah.
No se lo estaba poniendo fácil.Nickse aclaró la garganta.
-les agradezco lo que han hecho y sé que el objetivo era pasarme el rancho a mí algún día, pero...
-No lo quieres -terminó su padre por él.
Nick miró a su padre a los ojos y su resolución casi se derrumbó al ver la gran decepción en su mirada.
-Podría -dijo con suavidad-, con el tiempo, cuando me haya quitado esta ansiedad por reco-rrer mundo. Esta noche, he empezado a comprender lo bonito que es, pero ahora mismo para mí es como un elefante sentado en mi pecho y ahogándome.
-Quieres ir a Nueva York, ¿verdad? -preguntó su madre en voz baja.
-Quizá.
Desde luego que quería. No se había permitido a sí mismo seguir aquel derrotero en sus planes, pero ahora que su madre había puesto la idea en palabras, supo inmediatamente que em-pezaría por Nueva York, aunque no sabía cómo se lo tomaría Miley.
-¿Y qué diablos harías en Nueva York?
El tono de su padre traicionaba la profundidad de su decepción.
-No estoy seguro. Probablemente intentaría encontrar un trabajo en alguna pequeña com-pañía aérea o en algún aeropuerto. Ya sabes que me encantan los aeroplanos, papá. Siempre me han gustado.
-¡Ya tienes un maldito aeroplano! ¡Puedes volar con él todo lo que quieras!
-¡Andy! -Norah apoyé una mano en el brazo de su marido-. Esa no es la cuestión. Quiere volar por su cuenta como ha hecho Miley. Además, la hecha de menos como un loco. No sé si será algo más que amistad, aunque estoy empezando a creer que sí -miró a Nick-. No he querido entrometerme, pero he tenido la fuerte sensación de que Tuname y tú habéis traspasado las fronteras de la amistad este verano. Y Debbie también lo cree.
-¿Has estado hablando con la madre de Miley de eso?
Nick sintió un fuerte ardor en la cara.
-Para ser sincera, mucha gente del pueblo tenía sus sospechas. Nos preguntábamos si Miley decidiría quedarse en casa después de todo. Y cuando se fue, lo sentí mucho por ti.
-Lo sabía -Andy tiró la servilleta en la mesa y apartó la silla-. Esto era todo por una mujer. Si Miley hubiera tenido el buen juicio de quedarse en Coppervile, podrian haberse casado y no estarías comparando el rancho con un maldito elefante.
-¡No eches la culpa a Miley! -en su agitación, Nick se levantó-. Siempre he sentido lo mis-mo. Los dos lo hemos sentido, miley y yo. Nos pasábamos horas de pequeños hablando de los sitios que veríamos y de las cosas tan excitantes que haríamos en cuanto nos fuéramos de Copperville.
-Muchos críos hablan así, pero después se hacen mayores y se dan cuenta de que lo que tienen aquí es mucho mejor que lo que puedan encontrar por ahí fuera.
Nick miró a su padre e intentó ponerse en su piel. Después de casi treinta años de deslomarse por crear una herencia para su hijo, ahora aquel hijo rechazaba su legado. Y -nick odiaba hacerle daño a su padre.
-Puede que sea mejor, papá, pero nunca lo apreciaré si no veo algo del resto del mundo.
-Por supuesto que debes -intervino su madre.
-Entonces quizá deberíamos vender el rancho ya -dijo Andy-. No merece la pena matarnos a trabajar si no se lo vamos a pasar a nadie..
Nick sintió ardor en el cuello. Había estado tan absorto en sí mismo últimamente, que no se había dado cuenta de que su estado de ánimo había afectado a sus padres.
-Siento haber estado insoportable.
-Lo has estado -admitió su padre.
-No, no lo ha sido, Andy -Norah dirigió a su marido una mirada de advertencia-. Ha estado un poco sombrío, eso es todo.
-Para mí es lo mismo -dijo su padre.
-Estoy de acuerdo -aceptó Nick-. Pero estoy a punto de serlo más -inspiró con fuerza-. Sé que los dos han trabajado mucho para levantar este rancho todos estos años.
-Ha sido un trabajo por amor -dijo Norah.
No se lo estaba poniendo fácil.Nickse aclaró la garganta.
-les agradezco lo que han hecho y sé que el objetivo era pasarme el rancho a mí algún día, pero...
-No lo quieres -terminó su padre por él.
Nick miró a su padre a los ojos y su resolución casi se derrumbó al ver la gran decepción en su mirada.
-Podría -dijo con suavidad-, con el tiempo, cuando me haya quitado esta ansiedad por reco-rrer mundo. Esta noche, he empezado a comprender lo bonito que es, pero ahora mismo para mí es como un elefante sentado en mi pecho y ahogándome.
-Quieres ir a Nueva York, ¿verdad? -preguntó su madre en voz baja.
-Quizá.
Desde luego que quería. No se había permitido a sí mismo seguir aquel derrotero en sus planes, pero ahora que su madre había puesto la idea en palabras, supo inmediatamente que em-pezaría por Nueva York, aunque no sabía cómo se lo tomaría Miley.
-¿Y qué diablos harías en Nueva York?
El tono de su padre traicionaba la profundidad de su decepción.
-No estoy seguro. Probablemente intentaría encontrar un trabajo en alguna pequeña com-pañía aérea o en algún aeropuerto. Ya sabes que me encantan los aeroplanos, papá. Siempre me han gustado.
-¡Ya tienes un maldito aeroplano! ¡Puedes volar con él todo lo que quieras!
-¡Andy! -Norah apoyé una mano en el brazo de su marido-. Esa no es la cuestión. Quiere volar por su cuenta como ha hecho Miley. Además, la hecha de menos como un loco. No sé si será algo más que amistad, aunque estoy empezando a creer que sí -miró a Nick-. No he querido entrometerme, pero he tenido la fuerte sensación de que Tuname y tú habéis traspasado las fronteras de la amistad este verano. Y Debbie también lo cree.
-¿Has estado hablando con la madre de Miley de eso?
Nick sintió un fuerte ardor en la cara.
-Para ser sincera, mucha gente del pueblo tenía sus sospechas. Nos preguntábamos si Miley decidiría quedarse en casa después de todo. Y cuando se fue, lo sentí mucho por ti.
-Lo sabía -Andy tiró la servilleta en la mesa y apartó la silla-. Esto era todo por una mujer. Si Miley hubiera tenido el buen juicio de quedarse en Coppervile, podrian haberse casado y no estarías comparando el rancho con un maldito elefante.
-¡No eches la culpa a Miley! -en su agitación, Nick se levantó-. Siempre he sentido lo mis-mo. Los dos lo hemos sentido, miley y yo. Nos pasábamos horas de pequeños hablando de los sitios que veríamos y de las cosas tan excitantes que haríamos en cuanto nos fuéramos de Copperville.
-Muchos críos hablan así, pero después se hacen mayores y se dan cuenta de que lo que tienen aquí es mucho mejor que lo que puedan encontrar por ahí fuera.
Nick miró a su padre e intentó ponerse en su piel. Después de casi treinta años de deslomarse por crear una herencia para su hijo, ahora aquel hijo rechazaba su legado. Y -nick odiaba hacerle daño a su padre.
-Puede que sea mejor, papá, pero nunca lo apreciaré si no veo algo del resto del mundo.
-Por supuesto que debes -intervino su madre.
-Entonces quizá deberíamos vender el rancho ya -dijo Andy-. No merece la pena matarnos a trabajar si no se lo vamos a pasar a nadie..
jueves, 16 de diciembre de 2010
chicas gracias por leer la nove =) mañana les pongo 4 CAPITULOSSSSS!! seguidos =)
agradesco mucho a todas por leer la novela , es muy importante para mi que a ustedes les guste ya que esta nove es para ustedes =D . Agradesco mucho a una chica de chile que comento que gastaba saldo para leer la nove en su celular , lo aprecio mucho enserio =D eso hace que me sienta contenta y que siga para adelante con la novelas y con muchas mas =D
las kieroo
MS
agradesco mucho a todas por leer la novela , es muy importante para mi que a ustedes les guste ya que esta nove es para ustedes =D . Agradesco mucho a una chica de chile que comento que gastaba saldo para leer la nove en su celular , lo aprecio mucho enserio =D eso hace que me sienta contenta y que siga para adelante con la novelas y con muchas mas =D
las kieroo
MS
sábado, 11 de diciembre de 2010
CAP 80
nick quería tirar el colgante donde fuera. En los tortuosos días que siguieron desde la mañana de la partida de Miley , había intentado hacerlo en la basura, en el río y por un precipi-cio, pero no lo había conseguido.
El día en que ella se había ido, había permanecido en un promontorio fuera del pueblo mirando cómo su coche desaparecía y, bastante después de perderse en la distancia, seguía allí con el colgante en la mano.
En las semanas que siguieron mantuvo la perla en un cajón de su habitación y había adquirido la costumbre de metérsela en el bolsillo de los vaqueros al empezar el día con la débil esperanza de que, después de un tiempo de vivir en la ciudad, ella se cansara y volviera a casa.
Mientras tanto, él realizaba su trabajo en el rancho como un robot. Cuando Miley había vi-vido en Copperville, le había gustado su trabajo, pero ahora la rutina diaria se le hacía inso-portable sin ella. Era ella la que había hecho que su vida fuera interesante y ahora ella había cumplido su sueño y lo había dejado atrás.
En un caluroso día de finales de septiembre, estaba una tarde tirando piedras al río cuando llegó a una decisión vital. En cuanto sus padres murieran, vendería el rancho y se iría a reco-rrer mundo. Eso no supliría la pérdida de Miley , pero tendría que servir.
Entonces, toda la farsa le pareció estúpida. Aparentar que amaba un rancho que no conser-varía en cuanto sus padres murieran era una injusticia para ellos. Sin embargo, contarles la verdad después de tantos años, no sería fácil. Pero tendría que hacerlo y acabar con aquella hipocresía.
Esperó hasta que acabaron de cenar. Apenas había sido capaz de probar el mejor asado de su madre, pero se obligó a tomar hasta el último bocado y mantener una conversación sobre antigüedades y sementales.
Desde que había entrado en el rancho esa tarde, lo había visto con unos ojos nuevos. Ahora que había decidido que aquel lugar no lo encadenaría, podía valorar las brillantes vigas y la chimenea de piedra, el pesado mobiliario de cuero alrededor de la chimenea y la mesa de cao-ba labrada del comedor.
No sería un mal sitio para vivir.., algún día y con la persona adecuada. Pero no podía esperar que sus padres lo mantuvieran sin él hasta que se asentara, ya que antes de que llegara ese día tenía muchas cosas que hacer.
Por fin, apartó su plato a un lado y los miró.
-Tengo que hablar con vosotros. Es... bastante serio.
-Por fin -exclamó su madre con un suspiro.
Nick la miró con sorpresa.
-¿Qué quieres decir?
El día en que ella se había ido, había permanecido en un promontorio fuera del pueblo mirando cómo su coche desaparecía y, bastante después de perderse en la distancia, seguía allí con el colgante en la mano.
En las semanas que siguieron mantuvo la perla en un cajón de su habitación y había adquirido la costumbre de metérsela en el bolsillo de los vaqueros al empezar el día con la débil esperanza de que, después de un tiempo de vivir en la ciudad, ella se cansara y volviera a casa.
Mientras tanto, él realizaba su trabajo en el rancho como un robot. Cuando Miley había vi-vido en Copperville, le había gustado su trabajo, pero ahora la rutina diaria se le hacía inso-portable sin ella. Era ella la que había hecho que su vida fuera interesante y ahora ella había cumplido su sueño y lo había dejado atrás.
En un caluroso día de finales de septiembre, estaba una tarde tirando piedras al río cuando llegó a una decisión vital. En cuanto sus padres murieran, vendería el rancho y se iría a reco-rrer mundo. Eso no supliría la pérdida de Miley , pero tendría que servir.
Entonces, toda la farsa le pareció estúpida. Aparentar que amaba un rancho que no conser-varía en cuanto sus padres murieran era una injusticia para ellos. Sin embargo, contarles la verdad después de tantos años, no sería fácil. Pero tendría que hacerlo y acabar con aquella hipocresía.
Esperó hasta que acabaron de cenar. Apenas había sido capaz de probar el mejor asado de su madre, pero se obligó a tomar hasta el último bocado y mantener una conversación sobre antigüedades y sementales.
Desde que había entrado en el rancho esa tarde, lo había visto con unos ojos nuevos. Ahora que había decidido que aquel lugar no lo encadenaría, podía valorar las brillantes vigas y la chimenea de piedra, el pesado mobiliario de cuero alrededor de la chimenea y la mesa de cao-ba labrada del comedor.
No sería un mal sitio para vivir.., algún día y con la persona adecuada. Pero no podía esperar que sus padres lo mantuvieran sin él hasta que se asentara, ya que antes de que llegara ese día tenía muchas cosas que hacer.
Por fin, apartó su plato a un lado y los miró.
-Tengo que hablar con vosotros. Es... bastante serio.
-Por fin -exclamó su madre con un suspiro.
Nick la miró con sorpresa.
-¿Qué quieres decir?
CAP 79
miley miró enfrente. Joan y Rhino ya se estaban acercando, así que no tenían mucho tiem-po. Bajó la voz al hablar.
-Maldita sea, no pienso consentir que aceptes la culpa de todo esto. Fue idea mía y soy yo la que debería sentirme culpable, no tú.
-Como te he dicho, podría haberte rechazado.
-Tú sabías que iba buscar a quien fuera para hacerlo y tenías miedo de que acabara con gentuza.
-Sí y también estaba ese vestido -miley lo miró enfadada-. ¿Por qué te lo has puesto hoy, miley ?
-Porque había empaquetado todo lo demás.
-¿Y la perla?
El corazón le dolió tanto que apenas podía respirar.
-Nick, yo...
-Prométeme una cosa.
-¿Qué?
-Que la llevarás puesta en Nueva York.
-¡Dios, no puedo dejar un instante a mi gente sin que la disciplina caiga por tierra! -exclamó Joan, que había llegado en ese momento.
Rhino miró con suspicacia a Nick.
-Vamos, Nick. Tengo un cargamento de hamacas en la furgoneta que quiero que me ayudes a instalar.
-Claro.
Nick miró a Miey , que estaba frotando la perla con una mano. La soltó y se dio la vuelta. Su petición la había confundido por completo. Sabía que llevar la perla sería un constante re-cuerdo de él que impediría que se fuera con nadie más.
Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba. ¿Quién se creía que era, intentando atarla de esa manera cuando él no tenía ninguna intención de comprometerse?
Sus padres llegaron poco después. En cuanto la fiesta estuvo en pleno apogeo,Miley procu-ró hacerla especial para ellos sabiendo que en una semana ya no podría verlos ni hablar con ellos. Se preguntó de nuevo si no estaría cometiendo un grave error al irse, pero ya no podía cambiar las cosas y, además, necesitaba alejarse de Joe. Si se quedaba allí, se le rompería el corazón sin remedio.
Aunque dedicó toda su atención a la fiesta, no podía dejar de escuchar su voz, su risa, ser consciente de su mirada, de su presencia. Era como si un hilo invisible la atara a él.
Por fin, decidió que el colgante de perla era parte del problema. No podía llevarlo a Nueva York y mucho menos ponérselo. Nick debía saberlo.
Se disculpó con el pretexto de que necesitaba ir a los aseos del parque y, cuando se apartó de la multitud, se lo quitó con manos temblorosas. Una vez hecho, se sintió como si se hubiera enganchado el corazón en un alambre de púas Pero eso era lo que tenía que hacer. Encontró a Nick comiendo pastel y charlando con un par de rancheros vecinos.
-Perdóname, Nick.
-Claro -la miró con debilidad-. ¿Qué pasa?
Ella estiró la mano y le metió la perla en el bolsillo de la camisa.
-¿Puedes guardarme esto?
Entonces, conteniendo un sollozo, se dio la vuelta y se alejó de allí.
-Maldita sea, no pienso consentir que aceptes la culpa de todo esto. Fue idea mía y soy yo la que debería sentirme culpable, no tú.
-Como te he dicho, podría haberte rechazado.
-Tú sabías que iba buscar a quien fuera para hacerlo y tenías miedo de que acabara con gentuza.
-Sí y también estaba ese vestido -miley lo miró enfadada-. ¿Por qué te lo has puesto hoy, miley ?
-Porque había empaquetado todo lo demás.
-¿Y la perla?
El corazón le dolió tanto que apenas podía respirar.
-Nick, yo...
-Prométeme una cosa.
-¿Qué?
-Que la llevarás puesta en Nueva York.
-¡Dios, no puedo dejar un instante a mi gente sin que la disciplina caiga por tierra! -exclamó Joan, que había llegado en ese momento.
Rhino miró con suspicacia a Nick.
-Vamos, Nick. Tengo un cargamento de hamacas en la furgoneta que quiero que me ayudes a instalar.
-Claro.
Nick miró a Miey , que estaba frotando la perla con una mano. La soltó y se dio la vuelta. Su petición la había confundido por completo. Sabía que llevar la perla sería un constante re-cuerdo de él que impediría que se fuera con nadie más.
Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba. ¿Quién se creía que era, intentando atarla de esa manera cuando él no tenía ninguna intención de comprometerse?
Sus padres llegaron poco después. En cuanto la fiesta estuvo en pleno apogeo,Miley procu-ró hacerla especial para ellos sabiendo que en una semana ya no podría verlos ni hablar con ellos. Se preguntó de nuevo si no estaría cometiendo un grave error al irse, pero ya no podía cambiar las cosas y, además, necesitaba alejarse de Joe. Si se quedaba allí, se le rompería el corazón sin remedio.
Aunque dedicó toda su atención a la fiesta, no podía dejar de escuchar su voz, su risa, ser consciente de su mirada, de su presencia. Era como si un hilo invisible la atara a él.
Por fin, decidió que el colgante de perla era parte del problema. No podía llevarlo a Nueva York y mucho menos ponérselo. Nick debía saberlo.
Se disculpó con el pretexto de que necesitaba ir a los aseos del parque y, cuando se apartó de la multitud, se lo quitó con manos temblorosas. Una vez hecho, se sintió como si se hubiera enganchado el corazón en un alambre de púas Pero eso era lo que tenía que hacer. Encontró a Nick comiendo pastel y charlando con un par de rancheros vecinos.
-Perdóname, Nick.
-Claro -la miró con debilidad-. ¿Qué pasa?
Ella estiró la mano y le metió la perla en el bolsillo de la camisa.
-¿Puedes guardarme esto?
Entonces, conteniendo un sollozo, se dio la vuelta y se alejó de allí.
CAP 78
miley sabía que las dos últimas semanas en Copperville serían duras, pero no había imaginado que tanto. Se moría de deseo por nick, pero eso ya lo había esperado. Pero los momentos que no había esperado eran los peores, momentos en que su primer impulso era llamarlo para compartir alguna confidencia de su vida y se iba a marcar el teléfono sin darse cuenta. Entonces, la verdad la asaltaba. No importaba lo que hubieran prometido acerca de ser siempre amigos, su amistad estaba muerta.
Pero la más exquisita tortura todavía estaba pendiente: la fiesta de aniversario de sus padres junto con su despedida en el parque. Todo Copperville acudiría... y también nick, por supuesto.
Para el día de la fiesta,miley ya había empaquetado casi todas sus cosas y se había dado cuenta demasiado tarde de que el único vestido lo bastante festivo como para el acontecimiento que no había guardado era el de margaritas. nick probablemente pensaría que se lo había puesto a propósito, y la única razón por la que seguía colgado era porque se había olvidado de meterlo en la bolsa que iba a dar a una asociación de caridad.
Llegó al parque temprano para ayudar a sus hermanos y cuñadas en los preparativos. Trabajaron sin descanso bajo el ardiente calor, hinchando globos, encendiendo las barbacoas y persiguiendo a los revoltosos niños. Miley dio las gracias por la frenética actividad que la ayudaba a apartar a Nick de sus pensamientos.
Pero el pulso se le aceleró en cuanto vio su furgoneta y a él bajar y empezar a descargar cajas de cerveza.
-Voy a ayudarle -anunció Rhino.
-No empieces a probarlas hasta que hayamos terminado aquí -le advirtió Joan, su esposa.
miley los miró de soslayo trabajar, gastarse bromas y reírse. Pronto, sus otros tres hermanos se reunieron con ellos y todos actuaban como amigos, así que empezó a tener esperan-zas de que ya hubieran hecho las paces con Nick.
-¡Eh, Dozer! -lo llamó Cindy-. Es hora de que Tim y tú empecéis a cocinar. La gente está empezando a llegar y la pareja homenajeada estará aquí en pocos minutos.
-Ya voy -gritó Dozer.
Deena siguió atando globos en la parra más cercana.
-Hammer -llamó a su esposo-. Necesito que vigiles a Jason y a Kimberly en los columpios.
Hammer se dirigió a los columpios.
-Jason, hijo. Déjale montar a Kimmy.
miley intentó no fijarse en nick mientras vaciaba hielo en un contenedor para poner los cuencos de las ensaladas. Nunca lo había usado para hacer el amor con nick como había planeado, pero cada vez que lo veía se acordaba.
-Cindy, ¿en qué nevera metiste las hamburguesas y los perritos calientes?
-En la roja.
miley vació la última bolsa de hielo en el contenedor.
-Joan, esto ya está.
-¿Para qué es? -preguntó Nick.
miley lo miró y supo por el brillo de su mirada que había pretendido que la pregunta la alterara. Se sonrojó sin poder remediarlo.
-Nosotros, eh...
-Es para las ensaladas, para que no nos envenenemos con la mahonesa -respondió con rapi-dez Joan.
-No sirve sólo para eso -dijo Rhino agarrando un trozo de hielo para meterlo por la espalda de su mujer.
Ella lanzó un grito y agarró un puñado de hielo antes de salir corriendo tras él por el parque.
Y así fue como nick y miley se quedaron solos. nick agarró un trozo de hielo y lo miró.
-Nunca llegamos a hacerlo.
miley tenía la garganta tan seca, que no podía hablar. Sólo sacudió la cabeza.
-Supongo que ya nunca lo haremos -dejó caer el hielo al suelo y se acercó más a ella-. ¿Qué tal estás?
-Bien -se arriesgó a mirarlo a los ojos y apartó la vista de nuevo. Demasiado potentes-. ¿Y tú?
-Bien. Pensé llamarte para ver cómo te iba pero no quería poner las cosas peor.
-Sí, probablemente me hubiera sentido peor. Nick , ¿mis hermanos...?
-¿Que si me pegaron? No, aunque por una parte me hubiera gustado. Podría haber hecho que me sintiera mejor.
Pero la más exquisita tortura todavía estaba pendiente: la fiesta de aniversario de sus padres junto con su despedida en el parque. Todo Copperville acudiría... y también nick, por supuesto.
Para el día de la fiesta,miley ya había empaquetado casi todas sus cosas y se había dado cuenta demasiado tarde de que el único vestido lo bastante festivo como para el acontecimiento que no había guardado era el de margaritas. nick probablemente pensaría que se lo había puesto a propósito, y la única razón por la que seguía colgado era porque se había olvidado de meterlo en la bolsa que iba a dar a una asociación de caridad.
Llegó al parque temprano para ayudar a sus hermanos y cuñadas en los preparativos. Trabajaron sin descanso bajo el ardiente calor, hinchando globos, encendiendo las barbacoas y persiguiendo a los revoltosos niños. Miley dio las gracias por la frenética actividad que la ayudaba a apartar a Nick de sus pensamientos.
Pero el pulso se le aceleró en cuanto vio su furgoneta y a él bajar y empezar a descargar cajas de cerveza.
-Voy a ayudarle -anunció Rhino.
-No empieces a probarlas hasta que hayamos terminado aquí -le advirtió Joan, su esposa.
miley los miró de soslayo trabajar, gastarse bromas y reírse. Pronto, sus otros tres hermanos se reunieron con ellos y todos actuaban como amigos, así que empezó a tener esperan-zas de que ya hubieran hecho las paces con Nick.
-¡Eh, Dozer! -lo llamó Cindy-. Es hora de que Tim y tú empecéis a cocinar. La gente está empezando a llegar y la pareja homenajeada estará aquí en pocos minutos.
-Ya voy -gritó Dozer.
Deena siguió atando globos en la parra más cercana.
-Hammer -llamó a su esposo-. Necesito que vigiles a Jason y a Kimberly en los columpios.
Hammer se dirigió a los columpios.
-Jason, hijo. Déjale montar a Kimmy.
miley intentó no fijarse en nick mientras vaciaba hielo en un contenedor para poner los cuencos de las ensaladas. Nunca lo había usado para hacer el amor con nick como había planeado, pero cada vez que lo veía se acordaba.
-Cindy, ¿en qué nevera metiste las hamburguesas y los perritos calientes?
-En la roja.
miley vació la última bolsa de hielo en el contenedor.
-Joan, esto ya está.
-¿Para qué es? -preguntó Nick.
miley lo miró y supo por el brillo de su mirada que había pretendido que la pregunta la alterara. Se sonrojó sin poder remediarlo.
-Nosotros, eh...
-Es para las ensaladas, para que no nos envenenemos con la mahonesa -respondió con rapi-dez Joan.
-No sirve sólo para eso -dijo Rhino agarrando un trozo de hielo para meterlo por la espalda de su mujer.
Ella lanzó un grito y agarró un puñado de hielo antes de salir corriendo tras él por el parque.
Y así fue como nick y miley se quedaron solos. nick agarró un trozo de hielo y lo miró.
-Nunca llegamos a hacerlo.
miley tenía la garganta tan seca, que no podía hablar. Sólo sacudió la cabeza.
-Supongo que ya nunca lo haremos -dejó caer el hielo al suelo y se acercó más a ella-. ¿Qué tal estás?
-Bien -se arriesgó a mirarlo a los ojos y apartó la vista de nuevo. Demasiado potentes-. ¿Y tú?
-Bien. Pensé llamarte para ver cómo te iba pero no quería poner las cosas peor.
-Sí, probablemente me hubiera sentido peor. Nick , ¿mis hermanos...?
-¿Que si me pegaron? No, aunque por una parte me hubiera gustado. Podría haber hecho que me sintiera mejor.
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